LA MICROPUNTURA

(Y postoperatorio, Zap, Rubor y otras cosas)

Hace por lo menos diez años, coincidí en Tijuana con una judía israelita, radicada en Argentina.  Su fisonomía de mujer de medio oriente, no correspondía a la calidez de su personalidad:  Sobretodo si consideraba que era una argentina.  Ella hablaría y haría una presentación sobre masaje de relajación.  Java y yo, hicimos el clic necesario para entender que nos conocíamos desde siempre.  Cuando se enteró que yo hablaría sobre Micropigmentación, mostró más interés y empezamos a hablar sobre el tema.  Ya entrados en confianza, me contó que había “descubierto” una técnica de hidratación de la piel, usando el dermógrafo convencional.  Me dijo además, que usaba leche materna en polvo diluida en solución salina para este propósito.   Lo qué más me llamó la atención de su relato, fue el nombre que le había dado a “su” técnica:   Micropuntura.

En Estados Unidos, hace por lo menos veinte años, Kristanne Matzek, patentó una técnica que sirve para el mismo propósito, con el nombre de  Multitrepannic Collagen Actuation.  Acá en USA y por lo delicado que resulta inventarse cosas, Kristanne se limitó a usar el dermógrafo sin ningún tipo de hidratante.

Cuando me enteré que en Tustin California la Matzek daría una clase de “eso”, no dudé en inscribirme.  De McAllen a California, existen por lo menos mil seiscientas millas de distancia.  Aún así, me trepé a un avión y me fui a estudiar Multitrepannic Collagen Actuation.

Dios mío, cuando vi que “eso” se hacía con el dermógrafo Sapphire de Mei-Cha, pensé que estaba divagando.  Kristanne tiene un doctorado en comunicación; habla mucho y muy rápido.  Pensé que estaba confundido, tratando de entender tanta palabrería de tramoya.

“Usen su dermógrafo con una aguja agrupada de tres puntas”, nos dijo.  Asegúrense de que la piel esté anestesiada, ya que puntearemos toda la cara para forzar a la piel a producir colágeno.  No estaba alucinando, así se hacia la Multitrepannic Collagen Actuation.  Ahora, cuando muestro la técnica en mis clases, les digo que consiste en joder la piel, para que la traumatización estimule la producción de colágeno. 

Una en California, la otra en Argentina, seis mil millas de distancia, y con 10 años de diferencia.  Sin duda tengo que dar crédito a las dos por reinventar lo que ahora conozco como estímulo por agresión. 

Después de que Java me habló sobre su descubrimiento, en España, otro inventor se adjudico la técnica.  Obviamente siendo español, había que darle crédito.  En Brasil, en 2008, se destapó un boom sobre la misma práctica; otra inventora brasileña se proclamo la autoridad de la micropuntura.  Irónicamente, yo había enseñado en aquel país la Multitrepannic Collagen Actuation, por lo menos 12 años atrás.

A propósito de Brasil, Concepción, una bahiana, me dio sus puntos de vista sobre la lubricación después de un procedimiento de Micropigmentación.  Ella me aseguro que en climas tan calurosos y húmedos como en Sao Salvador, lubricar la herida, provocaba que el pigmento se saliera.  Antes de su comentario, nunca me había detenido a pensar que lo que me decía, tenía lógica.  Paralelamente al comentario de ella, me enteré que en España, en vez de aplicar un producto lubricante cremoso, recomendaban un geloide. 

Al parecer tenía mucha tarea mental, debía comprobar y aceptar que lo que me decían era verídico.  Yo no puedo pasar información sin antes haber confirmado lo que digo.  Concepción tenía razón, usar un ungüento sobre una herida en un clima como el de Bahía, podía ser contraproducente.  A raíz de eso, a todos mis estudiantes que me dicen que viven en lugares calientes y húmedos, les recomiendo no usar lubricante.  Obviamente en labios y para que las personas puedan hablar sin problema, tenemos que usar manteca de cacao, aunque viva en Galápagos. 

Respecto al gel que usaban en España seguían mis dudas.  En Europa aproximadamente 9 meses del año, el clima es frío.  La lógica me indicaba que allá, los ungüentos si eran necesarios.  Aún así y considerando que mi mercado no es Mediterráneo, desistí en mi investigación.

Una vez que andaba de compras en una farmacia, me acerqué al anaquel donde exhibían los medicamentos para heridas.  Además de los que ya conocía, no vi nada diferente.  De repente descubrí un empaque rojo, era un gel que se usa en piel de personas quemadas.  Su componente no es nada más que agua e hidrógeno, lo que ayuda a que la piel se recupere.  Recordando aquel comentario español de usar gel en vez de cremas, lo compré.  Me fui a casa con un gel hidratante llamado Curasol.

 Después de terminar un procedimiento de cejas, lo apliqué como parte del postoperatorio.  Además, le di un poco para que llevara a casa y se lo reaplicara.  Al día siguiente, recibí una llamada de esta chica diciéndome que la costración que tenía era muy gruesa.  Obviamente y haciendo alusión de mi pseudo doctorado en comunicación, le di una cátedra de por lo menos 20 minutos.  El siguiente día, y sin dudarlo, se apareció en mi oficina.  Dios mío, jamás había visto una costra tan horrible como la que ella traía.  Mi lógica me indicó que aplicara vaselina y dejara remojar la costra.  Después de unos minutos, usando una toalla húmeda con solución salina, empecé a desprender esa membrana dura.  ¡Padre Santo, algunos de los “pelitos” se vinieron junto con el costrón!  Estaba verdaderamente asombrado de ver como si fuera lepra, la queratina desprendiéndose en pedazos. Una vez que retiré todo, me sorprendí al descubrir que la herida estaba perfectamente sanada, obviamente no había nada de color.   O sea, el gel había sanado la piel dejándola íntegra, eso sí, sin pelos y sin pigmento.

Durante la odisea tuve mucho tiempo para pensar lo que había ocasionado el incidente.  No tenía duda de que el Curasol había sido el causante de semejante atrocidad.  No sabía donde meterme, pero ese arte de convencimiento que Dios me dio, permitió que mi cliente se fuera decidida a retocarse después de 30 días.  

Sin querer, así como se han descubierto otras cosas, me enteré que el Curasol había llegado a mis manos para un objetivo positivo.  No en balde me buscó, y digo esto ya que estoy convencido que las “cosas” te buscan.

A raíz de mi aventura con la costración más gruesa que he visto en mi vida, nació la idea de usar el Curasol como auxiliar en los procedimientos de remoción.  Si el secreto para “sacar” pigmento estriba en generar costras gruesas, esto, sin duda, era lo que necesitábamos.

En Pórtland, asistí a una clase de  Mary Jane Hake, obviamente tuve que pedirle permiso.  Que un instructor vaya a la clase de otro, se puede prestar a malentendidos.  Ella y otros tantos saben que me gusta escuchar sus puntos de vista para luego sacar mis conclusiones.  Desde siempre he sido así, me gusta estudiar y aprender de todos.  Nunca sabrás demasiado, de todos aprenderás, eso sí, para aprender necesitas humildad. 

En esa clase aprendí que la sal con Titanio, nos puede ayudar a aclarar pigmento.  Tan pronto regrese de Oregon, me puse a hacer mis pesquisas y cree ZAP. 

ZAP es una combinación de cloruro de sodio, hidrógeno deshidratado y dióxido de titanio.  De nos ser por un par de personas que lo han usado de manera negligente, mi nuevo “despigmentante”, ha dado muy buenos resultados.  Ah, y si además usas Curasol como parte del postoperatorio, mejor aún.  O sea, las casualidades no existen.

El Curasol además de ayudar a deshidratar la piel creando costraciones impresionantes después de despigmentar, es maravilloso para evitar hipertrofias.  Usándolo difícilmente dejaremos manchas o cicatrices después de aplicar el ZAP u otro tipo de aclarante.

En República Dominicana, hicimos un experimento con Zap, pretendiendo aclarar un tatuaje en un brazo.  De antemano me negué, ya que los tatuajes corporales no se tratan de la misma manera que los del rostro.  Por si fuera poco, el tatuaje del que les hablo, estaba hipertrofiado.  Recuerden que en la Dominicana la gente es muy morena y su genética es negroide.  Realmente a las personas de raza negra no se les debería hacer un tatuaje.  La piel de esta etnia generalmente, se hipertrofia después de hacerlos.   Aún así y puesto que nos interesaba saber lo que pasaría, hicimos el experimento en una pequeña zona.  Aplicamos el producto de manera tópica, después de haber abierto la piel con una aguja de 3 puntas.  Lo dejamos reposar 10 minutos y lo removimos con agua a la que previamente le habíamos aplicado sal de mesa.  Obviamente, unté una cantidad generosa de Curasol; le pedí que lo usara por lo menos por dos días.

Un mes después, me llamaron de Santo Domingo para decirme que el procedimiento no había sacado nada de pigmento, pero que, la cicatriz se había aplanado por completo.  Wow, mi querido Curasol me seguía dando sorpresas.  A raíz de este experimento “fallido”, seguí buscando más usos para este maravilloso gel.

En mis clases de avanzados, les indico a mis estudiantes que infiltren el Curasol como si fuese pigmento, en labios que presentan hipertrofias. 

Ya todos sabemos lo delicado y complicado que es trabajar en la boca.  Así que descubrir cicatrices después de haber efectuado un procedimiento de labios permanentes, es muy común.  Antes lo único que nos ayudaba a aplanar las hipertrofias de los labios era la triamcinolona:  Solo un dermatólogo podía aplicarla.

Desde que apareció este gel hidrogenado en mi vida, todo ha sido más fácil.  Tal y les explicaba anteriormente, aplicado de la misma manera que un pigmento sobre la hipertrofia, trabaja igual que un medicamento hecho para este objetivo.

A Elli Edgar la conocí en los congresos de SPCP, una asociación de técnicos en maquillaje permanente.  Ella es una señora excéntrica, y posee los labios más grandes que he visto en mi vida.  Elli es la creadora de los inductores y los pigmentos para el rubor.  Cuando en alguno de los congresos me presentó el proyecto, se me hizo muy interesante.  Al igual que Niurka Marcos cuando conoció a Juan Osorio, mis ojos al ver los inductores, emitieron destellos similares a los signos de dólares.  Empecé a usarlos y el resultado me agradó por natural.  El único problema que empezaba a tener era que el procedimiento es muy elitista.  A mujeres morenas, con paño, o a las blancas con pecas, no se les puede aplicar.  Tampoco se recomienda en personas que gusten del sol.  En mi queridísimo México, y el resto de Latinoamérica, las prietas y las manchadas abundan, por si fuera poco, les encanta la playa. 

Puesto que mi idea fue fusionar el sistema de Elli con el mío en Mei-Cha, los precios de los productos se incrementaron considerablemente.  Un inductor puesto en cualquier país de Latinoamérica, estaba costando una fortuna.  Lo elitista del procedimiento y lo caro de los productos, provocaron que mi proyecto se viniera abajo.  Mei-Cha al ver que no había productividad, saco del mercado todo lo que tuviera que ver con el maravillosos rubor permanente.

Pero aquí no acabó mí relato, yo sigo enseñando la técnica de hacer el rubor, aunque la modifiqué un poco.  En vez de inductores de 21 puntas, uso unos más pequeños de tan solo 9.  Obviamente el pigmento queda mejor implantado y el resultado es visible desde la primera aplicación.

Cuando Juan le hizo a Terrrre la micropuntura con el dermógrafo, la Prat quedo tan traumatizada que casi tuve que llevarla al hospital.  Una herida en el entrecejo quedó tan profunda, que hasta ahora no se ha cerrado completamente.  Supongo que aquí el dúo dinámico tuvo mucho que ver con el incidente:  Juan tiene la mano pesada, Terrrre la piel muy delgada.  Como soy de los pocos que aprenden después del primer tropiezo, decidí que la Multitrepannic Collagen Actuation, no se enseñara en mis clases.

Ah, pero en una de mis noches de insomnio, se me ocurrió emplear los inductores para el rubor para provocar la estimulación por traumatización. 

El resultado ha sido maravilloso, de hecho hemos estado trabajando en cicatrices hipertróficas y queloides con éxito; o sea, no en balde el inductor me buscó, solo había que saber emplearlo.

En Brasil Antonia usa los inductores para estimular el crecimiento del pelo en hombre y mujeres con principio de alopecia.  Aunque sus fotos son muy convincentes, no he visto ninguna que me incité publicarla.

Seguimos en contacto, y no se olvides que nada es casual.

Un abrazo y un mega saludo.

Alfredo