El tatuaje de los párpados se originó en USA cuando empezaba la década de los ochentas. Fue un médico oftalmólogo el que se ostentó haberlo patentado. Gracias a la investigación de Charles Zwerling, se probó que desde 1930, se habían realizado diferentes tatuajes en los ojos; tanto para dar color a los bordes de las pestañas, como para oscurecer la córnea de personas invidentes.

    En Los Estados Unidos, en varios de los estados, no se permite que un técnico en Micropigmentación realice, lo que se conoce también, como blefaropigmentación.

    Sin duda alguna el tatuaje de los párpados es un procedimiento muy sencillo, sin embargo puede ser el más riesgoso. Antes, cuando no existían anestésicos efectivos, el procedimiento era verdaderamente doloroso. Afortunadamente, con los nuevos insensibilizadores, podemos oscurecer los bordes de las pestañas, sin que la persona experimente dolor.

    Así bien, si el procedimiento es el más sencillo, he de hacer notar que puede resultar en una catástrofe.
    Si quien realiza el procedimiento no tiene la precaución de proteger el ojo durante la aplicación del anestésico, puede incluso abrasar el epitelio de la cornea. Si el técnico en cuestión no tiene el conocimiento del tipo de pigmentos que deben utilizar en los párpados, pudiera resultar, que la piel del párpado inferior se manche. Aunque también el párpado superior puede mancharse, esto sucede si el anestésico se infiltra.

    Una técnica agresiva de rasgados o vaivén, puede provocar que las pestañas se caigan. Por otro lado hacer líneas muy gruesas o largas, provocan que el ojo se deforme, ópticamente hablando.

    Por último, la blefaropigmentación, no debe realizarse en mujeres que sean insulina dependiente o padezcan de glaucoma.