Sin duda los procedimientos de camuflaje son los más complicados de aquellos llamados paramédicos. Lograr la mezcla ideal, esconder la “lesión” correctamente y conseguir un efecto homogéneo, es tarea difícil.

    Muchos de mis estudiantes fracasan en sus intentos de camuflar. Algunos no quieren aceptar la importancia de retocar, quizá dos o tres veces después de la primera intervención, cuando trabajan “ocultando” cicatrices. Otros desean disimular errores pequeños o grandes, depositando grandes cantidades de titanio, dejando la asimetría más expuesta.

    Cuando camuflamos debemos de aplicar la recomendación que siempre he usado cuando tratamos de remover pigmento: Paciencia.

    Si no es usted una persona con esta virtud, sería mejor que no intentara hacer este tipo de procedimientos.

    Últimamente he tenido éxito camuflando pequeñas asimetrías, usando la técnica de ashurado junto con lo que he llamado aguja bailarina. Aguja bailarina se refiere al método de usar una aguja con una longitud mayor a la recomendada (1.5 milímetros) Cuando la longitud de la aguja sobresale queda liberada y me mueve en direcciones diferentes. Esto no ocurre cuando solo asoma la longitud recomendada, ya que el bisel la estrangula modificando el movimiento a uno ascendente descendente.

    Mover su dermógrafo formando una maya, además de estar usando una aguja que se mueve de manera irregular, le permitirá depositar pigmento sin dejar líneas de demarcación.
    Este método no le servirá para camuflar una cicatriz, solamente para despistar pequeños errores en tonalidades claras y los residuos que quedan después de una remoción.

    Use agujas de una punta y “saqué” la aguja 2.5 milímetros fuera del bisel.

    No use profundidad, el objetivo de esta técnica es depositar el pigmento por fricción.