-El Llamado Déficit de Atención-

    Una persona con déficit de atención, es aquella que comienza y desarrolla muchas tareas en simultaneo sin terminar ninguna. En general son inteligentes aunque con severos problemas de autoestima. Tienen fama de tercos, arbitrarios y obstinados; nunca siguen observaciones ni los consejos. Responden inapropiadamente a las demandas ordinarias ya que son desorientados y se sienten agredidos.

    Se creía que el llamado Déficit de Atención tan común en la niñez, disminuía en la adolescencia y desaparecía en la vida adulta. Sin embargo, hoy se estima que un 60-70%, aquellos niños que padecieron este problema, lo lleva a la vida adulta.

    Entre más dispersa una persona es, implicará un deterioro significativo en la calidad de su vida. Si esto no es atendido a temprana edad, pueden desencadenarse padecimientos psicológicos tales como: Disturbios en el ánimo, angustia, impulsividad y desórdenes de la personalidad.

    Padecer el Síndrome ADHD no representa no prestar atención nunca, significa que en muchas ocasiones el individuo está disperso. Por esto, ellos buscan inconscientemente ocuparse en trabajos que no supongan el uso prolongado de la atención.

    Difícilmente pueden leer o conversar con fluidez, ya que necesitaran moverse, caminar, cantar o simplemente olvidarse de lo que hacen. La imaginación desbordante e incontrolada que tienen, los lleva a proyectar ideas todo el tiempo; sin embargo, terminan no haciendo nada o muy poco de lo acordado.

    Cuando adultos, una persona con este padecimiento experimenta sensación de frustración, y es que empezada la labor, les cuesta terminarla. Cuando a raíz de este trastorno un individuo desarrolla la impulsividad, no entiende que su modo de actuar es la causa de su fracaso.

    Las explosiones de carácter, comentarios irreflexivos, actos impulsivos, opiniones cambiantes, intromisiones impertinentes, ánimo oscilante y la terquedad, son típicas en personas que padecen el déficit de atención. Esto les lleva a un círculo vicioso donde el stress los vuelve más impulsivos, más desorganizados, más incompetentes, más enojados, más abrumados, menos capaces de terminar sus tareas.

    En cuanto a desorganización son incapaces de aprender reglas. Se rigen siempre por su manera de actuar y aunque reconoce su culpa, no puede cambiar. Pueden ser muy eficaces resolviendo su trabajo a pesar del desorden. Se les considera como personas aceleradas con mucho movimiento y pocos logros.

    Cuando trabajan en forma independiente se caracterizan por ser los primeros en quebrantar sus propios horarios, promesas y convenios. Llegan tarde, olvidan los encargo, aunque nunca las promesas y disculpas. No parecen entender lo que es evidente para todos; su comportamiento inadecuado genera problemas en los demás.

    Otras veces sólo funcionan bien cuando son fuertemente reprendidos y lo hacen después de un inmenso esfuerzo de voluntad. Por supuesto que este gran esfuerzo es puntual y no constituye el funcionamiento normal.

    Muchas veces, el problema radica en el egocentrismo y su personalidad arbitraria. Viven una realidad muy personal de conclusiones y anticipación de hechos futuros, que no son propiamente reales.

    El temperamento explosivo característico en estas personas, puede sosegarse, aunque viven en un estado permanente de irritabilidad. La mayoría tienen problemas familiares y malogran todo tipo de relaciones, incluso las afectivas. Esto se debe a que las oscilaciones de su carácter. Es muy común que se sorprendan cuando se les reclama algo, generalmente no recuerdan lo que dijeron, sobretodo si de insultos se trató.