(De algún modo tengo que explicarles como fue que empezó todo este argüende)

Mi formación profesional, sin querer queriendo, la hice dentro del rubro de la cosmetología.  Jamás me imaginé, que yo terminaría dando clases de “belleza”  No tengo duda, que la vida te va moviendo a su antojo. 

He leído mucho sobre lo que llamamos destino; todas las doctrinas rechazan su existencia.   Ahora, cuando puedo presumir de tener criterio, aseguro que es real.  Mi vida ha tomado rumbos tan radicales que de no ser por “eso”, no existiría una explicación lógica.  Podríamos “maquillar” un poco la palabra, asumiendo lo que los religiosos dicen al respecto:  Vive el aquí y el ahora:  Es decir, se consciente del hoy y enfócate en las metas del día a día.

Aún así, ¿de vendedor de cabritos pasar a ser instructor de cosmetología?
Cuando vendía chivitos asados (que horror), mi sueño era ser cantante.    Con lo voluntarioso que siempre he sido, lo logré:  Quizá fui un “pinche” cantante de pueblo, como Dulce, la cantante, alguna vez me lo dijo.

Como fuera que haya sido, yo me proclamé cantante y me sentí uno, hasta el día que el hambre me caló.   Por si fuera poco, me lastimaba la suela de la bota gastada, y la pretina del Jean que con tantas lavadas me apretaba.  Mi vida de cantante de pueblo era bonita, bien o mal, la gente me reconocía, y me pagaban para que cantara en sus eventos.  Como siempre he sido vanguardista, los grupos que tuve en Reynosa y McAllen, fueron muy buenos.  Yo me divertía mucho y me reía de todo y todos, gracias a Dios que entonces no existían los capos.  Si en mi tiempo de “artista” la frontera hubiera estado como ahora, seguramente no estuviera escribiendo ahora. 

Cuando me di cuenta que la vida de bohemio, solo me dejaba satisfacciones personales y no económicas, tuve que buscar alternativas.   El apoyo de mis padres no lo tenía, y estaba solo frente al mundo.  Fue entonces,  cuando el destino se las arreglo para que me metiera en una escuela de cosmetología.  Lo hice sin pensar, aunque sabía que me echaría al mundo encima: Cuando mi madre se enteró, fingió el primer infarto.

Tal y lo presentí, no resulto, una semana basto para renunciar.   Los pelos y los peines se habían declarado mis enemigos.  Aún así, el destino insistía en dejarme dentro de ese colegio  Después de graduarme de cosmetólogo, estudié para instructor, seguía sin entender que hacía dentro de ese plantel.  Sin saber nada sobre el “aquí y ahora”, me dejé llevar por la corriente, quizá no tenía mucho que perder, ni siguiera tiempo, era relativamente joven.

Lo que aprendí de cantante, lo apliqué en mi faceta de instructor.   Lo vanguardista de mi personalidad, lo usé para “hacer” clases diferentes.  Estuve, en la escuela, por 10 largos años, no saben todo lo que aprendí.  Ahí conocí miles de personas, unas dejaron cosas buenas, otras no, pero sin duda, todas aportaron.  Siempre fui el instructor estrella; tenía las “tablas” que te dan los escenarios.  Bien o mal, era el líder del grupo y estar al frente cantando y bailando, te hace perder la vergüenza.  La farándula, por mediocre que sea, te da un estatus de divo.  En mi caso, el oropel que me dio ser cantante, me enseñó a fingir una seguridad que nunca tuve.  El escenario y la docencia, hicieron que me convirtiera en la persona que ahora soy.  Alfredo González, un personaje que se forjó a sí mismo, por las necesidades que enfrentó.  Ah, y por dejarse guiar por el “destino”

Una de las canciones que más me han gustado del compositor español Manuel Alejandro, es “Qué sabe nadie”.  Si se detienen a escuchar la letra, se darán cuenta que es el clamor de una persona que pide respeto y que aclama que no le juzguen.  ¿Qué sabe nadie por todo lo que he pasado? Me sangraría los dedos de escribir en el tablero de mi ordenador, las cosas buenas y malas que he experimentado.  Gracias Destino por mandarme a esa escuela a aprender, y por las habilidades que me diste para comunicarme cantando y hablando. Enhorabuena Vida, gracias por dejarme envejecer.

Que sabe nadie  De mis secretos deseos, de mi manera de ser.
De mis ansias y mis sueños.
De mi verdadera vida, de mi forma de pensar
De mis llantos y mis risas.

¿Sabes acaso?
Lo que me gusta o no me gusta de este mundo.  
Lo que me preocupa y no me deja dormir
Lo que en la vida busco, o lo que prefiero cuando hago el amor

Nadie sabe                                                                                                             
Ni yo mismo muchas veces sé que quiero
Ni porque vibra de emoción mi corazón.                                                           
Ni la verdad de mis íntimos deseos.                                            
Ni el significado de mis palabras.                                                                   

Solo sé que doy el alma cuando me pongo a enseñar
A veces oigo sin querer algún murmullo,
Si me ves arrogante y piensas que soy un cabrón, recuerda: Que sabe nadie.

El 92 fue un año bueno, además de estar trabajando muy feliz en la escuela, lo del grupo estaba estable. Realmente las cosas en un conjunto musical nunca están bien del todo.  No se imaginan lo difícil que es trabajar con músicos.  Aunque trabajar con mujeres, se me ha hecho complicado, las prefiero a estar lidiando con filarmónicos. Los artistas tienen sensibilidades diferentes al resto de los humanos.  Son complicados y la mayoría, por ser tan bohemios, perezosos.  Que me disculpen los músicos que trabajan, a mí me tocó mantener a todos lo que componían mi banda.  Por increíble que les parezca, tuve que pagar el parto de no sé cuántos niños. O sea, ellos los hacían, y yo pagaba las consecuencias.  Si ustedes piensan que a una dama se le trata con guantes y pinzas, se equivocan.  A los músicos se les habla con tacto y debes tener extremo cuidado con lo que dices  No tengo duda que Hathor, la Diosa Egipcia de la música, provoca que tengan personalidades neuróticas.  Y no los culpo, si no tuvieran sensibilidades diferentes no pudieran tocar instrumentos.  Tampoco compondrían canciones, ni podrían cantar con sentimiento.  ¿Dije cantar?  O sea, ¿Sin querer me incluí en el gremio? Bueno, tengo que admitir que soy neurótico, sino, les aseguro que de músico, poeta y loco, tuviera poco. 

Un sábado, y cuando estaba a punto de tirar la correspondencia basura que llega a casa, me llamó la atención un panfleto que venía impreso a todo color.  Me detuve a mirarlo con detalle y me enteré que era publicidad de una clase de “maquillaje permanente” que impartirían en Dallas.

Al principio leer “permanent make-up”, no significo nada para mí.  Jamás antes había leído o escuchado esa palabra.  Las fotos de los procedimientos de antes y después, eran verdaderamente impresionantes.  Ahora, con la desconfianza que me han dado los años, puedo asegurar que las modelos estaban sin y con maquillaje convencional.  Eran fotos con truco, obviamente entonces, no había photoshop.

Lidia Leung, fue la primera persona (china), que comercializo las clases de Micropigmentación en USA.   Paralelamente, algunas gringas lo hacían pero no de manera masiva.  Lidia, aprovecho el boom y le sacó provecho de una manera impresionante.  Entonces pagar por un curso, de fin de semana, dos mil setecientos dólares, era una fortuna.  Afortunadamente te incluían el aparato y 5 pigmentos.  Aún así, tuve que pedir un préstamo; tenía que pagar hotel, comidas y trasportación.
Miss Leung es la mujer más vanidosa que he conocido en mi vida.   Quizá sea mayor que yo, si la conocen, se quedarán impresionados de cómo luce.  Ella y yo ahora, somos excelentes camaradas, aunque el destino quiso que fuéramos competencia.

La clase fue un chasco, Lidia no hizo otra cosa que tratar de vendernos lo que no venía incluido en el precio.   La primera tarde hablo de ella, posando con ese porte que hasta ahora conserva.  El domingo que terminó el seminario, yo no sabía nada.  Las personas que mostraron la manera de hacer los procedimientos, lo hicieron sin decir una palabra.  Nunca había salido tan confundido de una clase.  El aparato lo llevaba en mis manos, y me aterraba la idea de usarlo.

Los Tauro nunca tomamos riesgos, cuando no pisamos sobre terreno firme, nos mantenemos estáticos.   Aún así la curiosidad de poder hacer lo que había visto en aquellas fotos era tentador.
Ana la Centroamericana, fue la primera modelo, quería la línea de los párpados inferiores.   La seguridad ficticia que me caracteriza, me hizo tomar el dermógrafo.  Pasé la aguja sobre el párpado izquierdo, y le provoqué una edematización impresionante.  Seguramente piqué un vaso, ya que la zona se empezó a inflamar de una manera impresionante.  Sentí que estaba temblando, fue tan obvia mi reacción, que la salvadoreña, tuvo que controlarme.  Desde entonces el aparato, quedó guardado en el rincón más alto de un closet.

Gracias a Teresa Plante, la dueña de KP, volví a tener ánimo de interesarme por el maquillaje permanente.   A ella la conocí en un congreso en San Antonio.  De Teresa aprendí mucho en 30 minutos de clase.

Cuando uno es ignorante, se olvida de la ética y de los peligros.   No me bastó la experiencia con Ana, para desistir.  Berta mi hermana, fue la siguiente víctima.  Jaime su esposo (médico), la infiltró, lo que me hizo trabajar relajadamente.  Aplique lo que Miss KP me había enseñado y el procedimientos fue exitoso.  Si consideramos que entonces trabajábamos con agujas para bordar, y los pigmentos eran orgánicos, no será difícil entender por qué mi hermana conserva su delineado.

Quise seguir trabajando, pero cada paciente era un nuevo reto.   Cada vez que quería intentarlo, aparecían más dudas, por supuesto mis miedos continuaron.
Conocer a Andrée, la francesa, terminó de hacerme entender que entonces, la industria del maquillaje permanente, estaba llena de rufianes.   Todos los que habían tomado una clase con un pseudo instructor, se proclamaban educadores, y empezaron a dictar conferencias.  Como nada es casual en la vida, por medio de ella adquirí un aparato Mei-Cha.  Entonces, las dos silabas, que traducen belleza del mandarían, no significaron nada para mí.

Regresar de New York sin haber aprendido nada, me dolió más que todo lo que ya había gastado en mi educación sobre Micropigmentación.   Aunque hoy y gracias a Andrée, existe el Sistema AG.  Por supuesto que ella no aporto nada, aunque entregó en mis manos, un aparato que ni ella sabía cómo usar.
Por medio de una amiga, conseguí el teléfono de Mei-Cha en California.   Ella me ayudó a buscarlo en la sección amarilla, asistida por operadores.  Cuando llamé les dije que tenía un aparato y que no sabía cómo usarlo.  Ivonne, quien sería una pieza clave en mi vida, me dijo que era imposible que yo tuviera esa máquina.  Ellos en USA, no habían liberado el aparato aún.  Les estoy hablando del electro cauterio.  A partir de ese momento me hice parte de Mei-Cha Internacional.
Yolanda Moree era la instructora oficial de la compañía, ella es química biólogo.   Estaba trabajando con la empresa para crear un sistema educativo y elaborar pigmentos de “nueva generación”  Darlene, una química amiga de ella, y quien hacía los pigmentos para Perm Art, preparaba lo que ahora conocen como la línea Micro Color.

Para ser parte de Mei-Cha, debería de asistir a una clase privada con Yolanda.   Me fui a San Francisco y me pasé un par de días con la Moree.  Sin duda alguna, es la mulata más bella que he visto en mi vida.  Por si fuera poco y siendo madre de 3 hijos, tenía entonces un cuerpo escultural.  Desdichadamente tampoco ella tenía las respuestas a tantas preguntas que yo tenía.  Me regresé triste, aunque feliz de haber estado en San Francisco.

De Yolanda siguió Patty Pavlik, John Hashey, Kristanne Matzek, Sandy Hammons, Mary Jane Haake, etc.   Sin duda aprendí de todos ellos, pero nadie había contestado aún mis preguntas.
Cuando se me mete algo entre ceja y ceja (no tengo), no hay poder humano que me haga desistir.   Si nadie me estaba ayudando a encontrar respuestas, las buscaría yo.  Así lo hice, busqué hasta encontrar, gracias a Dios por ser tan terco y tesonero.   Mi formación de instructor de cosmetología me ayudo en mis pesquisas.  Haber tomado el taller de taquimecanografía en la secundaria, me facilitó entender el funcionamiento de un ordenador. Haber intentado ser cantante, también influyó, ya que “haber perdido la vergüenza” me permitía preguntar e incuso entrometerme en las clases que tomaba.

Pívot Point, es un sistema muy rebuscado de enseñar cosmetología.   Leo Pasage, un holandés es su fundador y quien, de cierto modo, intervino en que el Sistema AG,  lo estructurara de la manera que lo hice.  En la escuela, siempre trabaje con filminas, videos, maniquís, y visuales.  Nunca permitíamos que un estudiante tocara a una modelo hasta haber cortado, por lo menos,  el pelo de tres muñecas.  También ahí aprendí que todos los humanos aprendemos de tres manera diferentes:  Visual, manual o auditiva.
A mí nunca me gustó que me pusieran a trabajar en modelos, cuando mis manos sentían rechazo, por el miedo a lo desconocido.   El que busca encuentra, se los aseguro.

Y lo que sigue... es historia, he sido un gran apasionado de la Micropigmentación.   Nunca he terminado de aprender y aportar.  Todos los días Dios me ilumina y me guía de tal manera que mis pesquisas han sido interminables.